sábado, 7 de mayo de 2011

Principios de la Magia

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La Magia es la Ciencia Trascendental, la Ciencia Absoluta, era la ciencia de Abraham y Orfeo; de Confucio y Zaratrusta; de Henoch y Trismegistus, que grabaron en tablas de piedra sus Doctrinas Mágicas.
La Magia combina en una sola ciencia aquello que es más cierto en filosofía, y lo que en la religión es eterno e infalible. Reconcilia de un modo perfecto estos términos, tan opuestos a primera vista: fe y razón; ciencia y creencia; autoridad y libertad. Proporciona a la mente humana un instrumento de certeza filosófica y religiosa tan exacto como las matemáticas.
Existe una verdad incontestable y un método infalible para conocer esta verdad, los que alcancen este saber y lo adopten como un método de vida, pueden dotar su voluntad de un poder soberano que los convertirá en Maestros de todas las cosas inferiores, de todos los espíritus errantes, o dicho de otra manera, en árbitros y Reyes del Mundo.

La palabra magia procede de una palabra antigua "MAGUS", que se refiere a un sacerdote de los Medas y de los Persas. El truco más antiguo quizás sea el de los vasos (o cubiletes) y las bolas. Entre los romanos el término que designaba al mago era ACETABULARIUS, que significaba "el que juega con los vasos de vinagre",

El dato más antiguo sobre la magia se remota al ilusionista Dedi, según los papiros hallados en una antigua tumba egipcia y posteriormente traducidos. Dedi vivió durante el reinado de Khufru, (llamado también Keops), faraón de Egipto que fue el constructor de la gran pirámide de Gizeh.

Dedi era una leyenda entre sus contemporáneos, a los que inspiraba temor. Hasta el faraón reclamó su presencia. Dedi actuó en el escenario del palacio de piedra de Menfis, residencia a lo largo de cinco mil años de los reyes de Egipto.


En su actuación (que conocemos gracias a una inscripción egipcia) Dedi pidió un ganso, cortó su cabeza con el cuchillo que llevaba y la colocó en la palma abierta de su mano. Ante los ojos atónitos del faraón, acarició al ganso, hizo unos ademanes acompañados de invocaciones, puso el ganso en el suelo, y el animal empezó a caminar... con la cabeza en su lugar.

Sus seguidores decían que eran enviados de los dioses y para demostrarlo, estos creaban más ilusiones fabulosas. Había una estatua en el templo de Isis que arrojaba vino continuamente sobre el altar para que los dioses bebiesen.
Mientras ilusionistas poderosos como Dedi maravillaban a los reyes, otros presentaban juegos mas sencillos delante de la gente del pueblo. Vasos, cubiletes y bolas eran ya objetos antiguos en esa época. Y aún hoy en día conservan su atractivo. A principios del siglo 1 de la Era Cristiana, el truco de los cubiletes con las bolas se hacía en todo el mundo.

Mientras los hechiceros de las tribus indias de Norteamérica habían superado estos trucos y hacían mejores proezas que las de Oriente y Europa. Una de ellas era la de colocar una flecha en el interior de un cesto, con la punta hacia el suelo. El hechicero danzaba... y la flecha cobraba vida: se levantaba verticalmente y se mantenía suspendida en el aire, fuera del cesto. Este es uno de los muchos trucos que practicaban los hechiceros de las tribus indias.


Cuando se extendió el Cristianismo por el mundo, al inicio de la Edad Media, la práctica de la magia lo acompañaba. Había tres variantes de magia; la Magia Elegante, practicada delante reyes y nobles, las representaciones callejeras, para la gente del pueblo, y la Magia Negra, oculta, cuyos practicantes pretendían contar con poderes sobrenaturales.

Los ilusionistas ambulantes iban de ciudad en cuidad, con sus trucos de bolas, cuerda rota y recompuesta, cubiletes y dados. Unas veces conseguían aplausos. Otras veces fracasos. Esta opinión acerca de la posibilidad de acierto o fracaso del ilusionista perduró hasta adentrado del siglo XVII. Poco a poco la idea sobre el arte de los ilusionistas progresó y mejoró, sobre todo en Europa. El público empezaba a ver al ilusionista como un artista capaz de cosechar casi siempre éxitos. Al finalizar el siglo XVIII el ilusionismo en Europa cobró aires nuevos. Comenzaron las exhibiciones en buenos teatros.

Ejemplos de ellos son los magos Philippe y Pinetti, cuya elegancia asombraba a sus contemporáneos
En el siglo XIX llegamos a la culminación del ilusionismo. Apareció un mago que renovó el arte por completo. Con habilidad, inteligencia y gusto exquisito enalteció la magia y preparó el escenario para una edad dorada que se prolongaría más de un siglo. Su nombre: Robert Houdin.

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