jueves, 15 de mayo de 2014

ASESINOS SERIALES: Gregorio Cárdenas Hernández

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Primer asesino moderno en México

Entre los pocos especialistas que existen en México sobre asesinos seriales siempre se ha discutido si Goyo Cárdenas, el célebre asesino de mujeres de los años cuarenta, se debe o no considerar un asesino serial. Goyo Cárdenas mató a cuatro mujeres de manera casi idéntica, sin motivo aparente, con un periodo de tiempo entre cada una y a las primeras tres no las conocía, estos factores según Robert Ressler, inventor del término serial killer, son más que suficientes para asegurar que tenemos un asesino en serie.

Si esta simple definición no fuera suficiente entonces vayamos al campo de la psicología del asesino serial; según el Dr. Joel Norris los serial killers poseen tres características fundamentales: piromanía, crueldad excesiva con los animales y enuresis, pues se sabe que Goyo mojó la cama hasta edad avanzada y que gustaba de ensañarse con pollos y conejos.
El Dr. Jonathan Pincus habla sobre otras características: madre dominante, daño neurológico y, en algunos casos, inteligencia arriba del promedio. Pues sí, Goyo sentía un amor extremo por su madre y según el Dr. Quiroz Cuarón, sufrió una encefalitis que originó daños cerebrales. Una vez expuesto esto tenemos la certeza de que Gregorio Cárdenas Hernández es, sin duda, por definición, un auténtico serial killer.
Según las teorías actuales sobre asesinos seriales y su modus operandi, podemos decir que Cárdenas fue un asesino serial organizado ya que planeó detalladamente los homicidios, tuvo sexo con la víctima antes de asesinada, usaba regularmente el mismo instrumento para la asfixia, guardaba dentro de sí un particular resentimiento hacia las mujeres y trató de ocultar los cuerpos sin vida, además de otras características sociales como; tener un empleo estable, presumir de inteligencia superior, ser sociable y sostener relaciones afectivas.
Siguiendo las mismas teorías, Goyo experimentó las fases enunciadas por el Dr. Joel Norris en relación al momento de llevar a cabo cada homicidio.
Fase áurea. El proceso se inicia cuando un potencial asesino comienza a internarse a su mundo de fantasías. En esta etapa Cárdenas Hernández inició el desarrollo de sus fantasías homicidas en contra de las mujeres.
Fase de pesca. Etapa en la que Goyo comenzó la búsqueda la víctima, en este caso eligió una zona de prostitución callejera.
Fase de seducción. Parte del ritual del estrangulador de Tacuba fue crear un falso entorno de seguridad burlando las defensas de la víctima. Algunos asesinos seriales tienen una apariencia tan inofensiva, que no les resulta difícil convencer a una mujer para que suba a su coche.
Fase de captura. Momento en el que la víctimas aceptaban acudir a la casa de Mar del Norte para estar un rato a solas con Cárdenas.
Fase del asesinato. En muchas ocasiones el crimen es sustituto del sexo y el momento de la muerte es el clímax, este es el momento más disfrutado por cualquier homicida serial. Seguramente el estrangular a las mujeres producía en Goyo un sentimiento de superioridad física que necesitaba reconstruir con cada víctima (no olvidar que Goyo venía de un par de fracasos sentimentales y, según uno de sus psicólogos, adoptaba un trato que distaba mucho de la generosidad hacia Gas mujeres públicas con quienes tenía relaciones).
Fase depresiva. Según declaraciones tomadas por el diario La Prensa en 1942, después de cada crimen Goyo entraba en una severas crisis depresivas momentáneas que pasaban rápidamente, desapareciendo con ellas cualquier sentimiento de culpa.
¿Qué asesino en serie ha sido capaz de aguantar 35 años de encierro?, ¿cuál de ellos ha escrito tres extensas crónicas sobre sus años en prisión?, ¿a quién se le ha rendido homenaje en la cámara de representantes de su país?, ¿qué homicida ha sido becado por algún gigante petrolero? y para finalizar, ¿cuál de ellos ha sido capaz de montar una exposición individual como artista plástico?, ¿quién sino Goyo?


Un poco de historia

La memoria colectiva capitalina mantiene en un lugar especial a Gregorio Cárdenas Hernández (Q. E. P. D.), recordado como Goyo, Goyito, en el popular barrio de Tacuba de la Ciudad de México. Los vecinos veían en él a un excelente hijo, un intelectual que estudiaba entonces en la Escuela de Ciencias Químicas de la UNAM en vez de hacerlo en los Estados Unidos como se lo había ofrecido PEMEX, beca que rechazó pues el amor por su madre era más fuerte que cualquier oferta. Goyo tenía un automóvil propio, rentaba un departamento que utilizaba para estudiar, era empleado y líder sindical en PEMEX, casi una vida perfecta, pero hubo un extraño incidente que echó a perder los planes del futuro escritor, pintor y abogado.
Nacido en Córdoba Veracrúz en 1915 fue el menor de diez hermanos. De acuerdo a declaraciones de su madre, Doña Vicenta Hernández, así como de algunos de los psicólogos y criminólogos que lo estudiaron, Goyo siempre tuvo problemas neurológicos, según Doña Vicenta desde niño presentó un tic  llamado «mal romboidal» o «epilepsia crepuscular» como Ha llamaría la defensa. Por otra parte el Dr. Quiroz Cuarón, prominente estudioso de la conducta criminal y eterno perseguidor del estrangulador, descubrió en los numerosos análisis efectuados a Goyo, manchas en la piel, fisuras severas en la lengua y tendencia a dormir demasiado tiempo, todo ello consecuencia de una epidemia de encefalitis que atacó al homicida durante su niñez, la cual, ocasionó una infección en el sistema nervioso central destruyendo tejido no reproducible del futuro asesino.
En un importante estudio realizado por el Dr. Gonzalo Lafora; el homicida señala evidentes signos patógenos, probablemente hereditarios, el padre de Gregorio sufrió de jaquecas hasta los 31 años, hay datos que fijan de tipo explosivo el temperamento de la abuela Hernández. Debe agregarse a esto la circunstancia de padecimientos epilépticos en dos de las hermanas de Gregorio, así como el detalle de la enuresis del criminal, que sufrió hasta los 18 años de edad, unido a los clásicos «pavores nocturnos». Según el estudio de Lafora, Cárdenas padeció siempre de pesadillas angustiosas, cefalalgias y vértigos.
La infancia de Cárdenas Hernández está llena de versiones encontradas, mientras Vicenta declaraba que Goyo siempre había sido dócil y obediente, algunos compañeros de escuela lo señalaban más bien como un niño bastante tímido y cobarde pero muy maldoso, pues acostumbraba dar estiércol oculto en dulces a sus compañeros o quemar el cabello de sus amigas. De igual forma se menciona con insistencia su crueldad hacia los animales, con frecuencia tomaba pollitos y los mataba poniéndolos en el quicio de las puertas, las que luego cerraba poco a poco, más adelante, en su época de estudiante de ciencias químicas y antes de los escandalosos homicidios, Goyo gustaba de experimentar con gansos y conejos, algunos de los cuales aparecieron enterrados en su jardín.
Según Lafora la vida sexual de Gregorio Cárdenas se inicia a los 11 años, con las manifestaciones narcisistas habituales sin tendencia pederastica o incestuosa; algún familiar declaraba que Goyo quería encontrar en cada muchacha un medio para saciar su libido y que en una ocasión fue sorprendido aprovechándose de la inocencia de una amiga a quien le pagó para que le permitiera algunos excesos. A la edad de 15 años comienza a frecuentar prostitutas, llegando a padecer algunas enfermedades venéreas. En 1940 entra en relaciones con Virginia Leal,  a quien conoce en un baile y después hace su amante. Virginia, después de un corto espacio lo abandona. Más tarde conoce a Gabina González, primera esposa de Goyo con quien contrae nupcias debido a que la familia de ésta recurre a los tribunales para obligarlo a contraer matrimonio, pues habían tenido relaciones sexuales con anterioridad, éste enlace fracasa por la infidelidad de su esposa. Se piensa que estos dos fracasos amorosos crean en el criminal de Tacuba un cierto odio hacia las mujeres, además de que propiciar sus tendencias depresivas. Durante algún tiempo mantuvo relaciones con una muchacha de apellido Romero, quien lo visitaba en la casa de Mar del Norte en plena etapa homicida del criminal.
Por su parte el Dr. Quiroz Cuarón, reporta que ya en Lecumberri, Goyo manifestaba un severo amaneramiento, a lo cual le suma una serie de fotografías halladas en Mar del Norte en las que Cárdenas aparece vestido de mujer, específicamente como geisha. En alguna de sus declaraciones el asesino mencionó la existencia de un mal congénito que le impedía alcanzar la plenitud sexual.
El diagnóstico final sobre la psicología de Cárdenas Hernández realizada por el Dr. Quiroz Cuarón dicta lo siguiente «Desde el punto de vista de la psicología criminológica, corresponde al dé la personalidad neurótica: neurosis evolutiva; órgano-neurosis, de tipo introvertido con tendencias homosexuales, narcisismo y erotismo sádico anal. Desde el punto de vista psiquiátrico, su estado neurótico es de esquizo-para-noide». (Un estrangulador de mujeres, 1952).


Los hallazgos

En septiembre de 1942, los vecinos del Barrio de Tacuba atestiguaron uno de los hechos más relevantes en la crónica policíaca nacional. El número 20 de la calle Mar del Norte fue intervenido por un ejército de policías y reporteros que buscaban rastros de Beatriz Arias, jovencita que había desaparecido días antes y que según sus compañeros de la Escuela Nacional Preparatoria fue vista por última ocasión en compañía de Gregorio Cárdenas Hernández, joven de 27 años estudiante de Ciencias Químicas con quien llevaba una muy estrecha relación.
Cerca de las tres de la tarde del S de septiembre de 1942, en el jardín de la pequeña vivienda rentada por Gregorio Cárdenas, fueron encontrados sin vida los cuerpos de cuatro mujeres, todas con síntomas de asfixia por estrangulación debido a la presión ejercida por una soga y, en el caso de Beatriz Arias, por traumatismo craneoencefálico o golpes en la cabeza. Sobre el cómo llegó el servicio secreto a la conclusión de que los cuerpos estaban enterrados en aquel pequeño jardín existen versiones encontradas. La primera de ellas narra que algunas vecinas que gustaban de espiar a sus compañeros de calle, observaron desde su azotea que entre la tierra removida de aquel prado se podían apreciar los zapatos de una mujer bajo tierra, hecho que inmediatamente reportaron a la policía. Otra versión, la mejor documentada, cuenta que el abogado Miguel Arias Córdoba, padre de Beatriz, contactó al servicio secreto para localizar a su hija de 20 años. Los interrogatorios a compañeros de la joven arrojaron como resultado que Goyo fue la última persona que acompañó a Beatriz.
Al intentar localizar a Cárdenas Hernández se sorprenden al enterarse de que acababa de ser internado en un hospital psiquiátrico por su propia madre, los agentes se trasladan hasta él para interrogar al sospechoso que los recibe con una extraña y bien ensayada historia en la que Goyo, sosteniendo un pedazo de gis en la mano, decía ser inventor de una píldora de invisibilidad, la cual acababa de tomar y era cuestión de tiempo para que hiciera efecto. Pese a lo original del cuento, el servicio secreto insiste en sus cuestionamientos sobre el paradero de la joven Arias ante lo que el homicida no tiene más que confesar su responsabilidad en el caso Beatriz Arias.



Al dirigirse a la vivienda ubicada en Mar del Norte 20, la sorpresa fue mayúscula, pues no sólo se encontró el cuerpo de Beatriz, sino el de tres mujeres más en avanzado estado de descomposición y, según testigos, teñidos de un extraño color dorado. Sus nombres: Raquel Rodríguez León, María de los Ángeles González Moreno y Rosa Reyes Quiroz.
La primera en morir fue la joven prostituta de 16 años María de los Ángeles González Moreno, fue estrangulada con un cordón el 15 de agosto de 1942, la segunda víctima, de tan solo 14 años de edad, fue Raquel Martínez León, murió igualmente ahorcada el 23 de agosto, seis días más tarde el turno fue para Rosa Reyes Quiroz. Finalmente el 2 de septiembre de 1942 a bordo del automóvil Ford placas B-9101, Graciela Arias Ávalos perdería la vida debido a fuertes golpes en la cabeza propinados por el asesino de Tacuba después de una dura escena de celos y un forcejeo con ella para intentar besarla. Goyo declararía posteriormente que luego de enterrar a Graciela acudió a varios templos religiosos buscando alivio espiritual.
La vivienda de Mar del Norte 20 era utilizada como un pequeño estudio o como lugar de trabajo de este estudiante, en ella se encontró una pequeña biblioteca, una mesa, un catre y un pequeño laboratorio de química; mucho se especuló sobre la posible realización de investigaciones científicas con los cuerpos del cuádruple homicidio, algunos periodistas adjudican a Goyo declaraciones sobre un proceso de momificación que intentaba comprobar con sus víctimas.

Los cuatro asesinatos ocurrieron en un lapso menor de 20 días, este ritmo resulta impresionante incluso para un asesino serial de nuestros días.
Versiones periodísticas de la época relacionan a Goyo con una víctima más, otra prostituta encontrada muerta en el cuarto de un hotel de la colonia Guerrero y quien, según algunos testigos, fue vista por última vez con el homicida como cliente, la víctima tenía rastros asfixia por estrangulación; hay que recordar que la madre de Cárdenas vivía en la calle de Violeta o Zarco de la misma colonia y que Goyo frecuentaba muchísimo aquella casa y las zonas de prostitución o cabarets de dicha colonia. Sobre ésta versión no hubo más investigaciones.

Al llegar a la delegación de policía, el homicida hizo gala de su desarrollada capacidad como mecanógrafo y redactó en cuestión de minutos su propia declaración en la que aceptaba los homicidios contra estas cuatro mujeres, pese a esto y al pasar los años, Goyo negó toda responsabilidad en el cuádruplo asesinato alegando no recordar absolutamente nada de los hechos y argumentando haber sido víctima de un complot orquestado por sus enemigos dentro del sindicato petrolero. El mismo Dr. Quiroz Cuarón registró severos cambios de actitud en las diferentes audiencias que tuvo con el homicida y una especie de amnesia lagunar al referirse al momento de la estrangulación de las víctimas. El auto de formal prisión fue declarado dos días después de hallarse los cadáveres por el Juez 14 de la Quinta Corte Penal luego de que los peritos determinaran un alto nivel de peligrosidad, a lo que la defensa refutaba un padecimiento epiléptico que causaba alteraciones morbosas transitorias.

Lacumberri

Gregorio Cárdenas Hernández pasó cerca de la mitad de su vida encerrado, estuvo preso 32 años en Lecumberri y dos más en La Castañeda, en ambos sitos su estancia fue singular, se sabe que durante sus breve paso por La Castañeda acostumbraba mantener relaciones amorosas con el personal femenino que ahí laboraba, llegando incluso a salir de vez en cuando del manicomio para acudir al cine. Goyo obtuvo un permiso especial para que se le permitiera acudir a las conferencias y charlas que brindaban algunos especialistas en el interior del psiquiátrico, además de que devoraba cuanto libro sobre padecimientos mentales llegaba a sus manos. Sin embargo, también tuvo que sufrir las consecuencias de permanecer en un lugar como éste, pues fue sometido a largas sesiones de pruebas psiquiátricas y de electro choques. Inclusive el mismo Goyo declaró alguna ocasión que tenían intenciones de practicarle una lobotomía frontal.

La paciencia de las autoridades de La Castañeda terminó cuando Goyo decidió tomarse unas pequeñas vacaciones abandonando el hospital y viajando rumbo a Oaxaca, lugar donde más tarde sería capturado, al regresar a la capital lo esperaba su nueva morada: El Palacio Negro de Lecumberri.
De inicio en Lecumberri, Goyo estuvo en el pabellón de tuberculosos, fue trasladado posteriormente a la crujía circular 1 donde ocupó la celda 26, después de un par de años fue removido a la crujía de castigo 2 en la que ocupó la posteriormente célebre celda 16, habitación que sirvió al criminal para titular su primer libro: Celda 16 (En Diana Ediciones). En 1953 Goyo fue transferido a la crujía D y posteriormente a la enfermería del penal, en mayo de 1976 deja Lecumberri para habitar el Centro Médico de Reclusorios de Tepepan donde recibiría ayuda psiquiátrica, en septiembre del mismo año abandona definitivamente la cárcel como preso, pero sería siempre su centro de trabajo al ejercer la abogacía.
Durante su vida en Lecumberri Goyo siempre llamó la atención, ya fuera por lo publicitado de su caso, o por su fama de maniático, la cual se refrendaba debido a su comportamiento excéntrico dentro del penal, no sólo el amaneramiento ya documentado por el Dr. Cuarón, sino por otras conductas como permanecer hincado e inmóvil durante una semana al recibir la noticia de la muerte de Doña Vicenta Hernández, o posar completamente desnudo cuando algún visitante curioso deseaba asomarse al interior de su celda.
Con el paso de los años consiguió adaptarse a su celda de 3 x 2 metros. Al ritmo que un lugar así exigía, incluso logró sacarle provecho, es bien sabido que Cárdenas fue autodidacta en materia de Derecho dentro del penal gracias a los libros que su madre le obsequiaba, logró reunir más de 200 títulos de la materia. De igual forma su madre le obsequió un órgano en el que Cárdenas demostraba sus habilidades como pianista interpretando noches enteras clásicos de: Bach, Liszt, Mozart y Brahms. Ahí mismo en Lecumberri conoció a Gerarda Valdés, su segunda y última esposa con quien procrearía cuatro hijos: Marco Antonio, Julio César, Gustavo y Guadalupe.

Gerarda vivía en la calle de Zarco de la colonia Guerrero y era amiga de la madre de Goyo, quien en alguna ocasión le pidió la acompañase a visitar al homicida recién llegado al Palacio Negro, a partir de entonces, y a pesar de la diferencia de edades y el pasado del criminal, inició una larga relación que terminaría uniéndolos en matrimonio en 1953. Según declaraciones de la ahora viuda de Cárdenas, Goyo fue un marido ejemplar que mantuvo y dio educación a su familia gracias a una pequeña tienda que manejaba dentro del penal y de los trabajos legales que realizaba con sus compañeros de encierro ya las regalías producto de sus cinco libros escritos en prisión: Celda 16, Pabellón de locos, Adiós Lecumberri, Campo de concentración y Una mente turbulenta.

La vida en Libertad

El martes 8 de septiembre de 1976 alrededor de las 14:00 horas, después de más de treinta años de encierro, Cárdenas Hernández recobraría por fin su libertad. Acompañado de su esposa Vicenta y de su abogado Salvador Salmerón, Goyo se presenta en el portón del penal donde una marea de reporteros lo abordan con cientos de preguntas. Cárdenas sólo alcanza a decir que sus planes son titularse como abogado, seguir pintando y escribiendo e irse de luna de miel a Zihuatanejo, pero antes que nada, y como todo buen católico, desea dirigirse a la tumba de sus padres y a la Basílica de Guadalupe.
Al salir de prisión Gregorio Cárdenas Hernández lucia fuerte físicamente, tenía 60 años de edad, 73 kilogramos de peso y 1.73 metros de altura.
La libertad de Cárdenas se dio por una conjugación de recursos legales y personales, Salvador Salmerón tardó diez años, pero finalmente consiguió sacar a su cliente de Lecumberri, aparte de las opciones legales también se dio un indulto presidencial por Luis Echeverría. Finalmente el juez 28 de lo penal Raúl Gutiérrez Márquez, quien tenía a su cargo la causa penal 1350/42 determinó que Goyo no fue legalmente responsable de los ilícitos que se le imputaron 34 años atrás. Dos días después de quedar libre, Goyo fue invitado a la Cámara de Diputados donde sería presentado junto al Dr. Quiroz Cuarón como ejemplo de un criminal que, después de varios estudios y tratamiento psicológico, podría reincorporarse a la sociedad. Desafortunadamente Quiroz Cuarón no puede acudir a dicho evento debido a compromisos de trabajo en el Hospital Fray Bernardino y el criminal de Tacuba es presentado en solitario por el Secretario de Gobernación Moya Palencia; la Cámara de Diputados en pleno se pone de pie y otorga una ovación ensordecedora al asesino serial de mujeres.

Otra de las eternas pasiones de Goyo, aparte de la música y el estudio, fue la pintura. En Lecumberri realizó cerca de setenta obras y durante su breve paso por el Reclusorio Oriente se dio tiempo para realizar un pequeño mural que obsequió a sus compañeros internos. Una vez libre, es invitado por las autoridades de cultura del estado de Morelos a exponer individualmente en el Ex convento de Tepoztlán donde logró vender varios cuadros.
Finalmente el 2 de agosto de 1999 Gregorio Cárdenas Hernández muere en la Ciudad de México a los 82 años de edad, víctima de padecimientos ocasionados por su avanzada edad.


Cárdenas a escena

El trágico capítulo criminal de Goyo Cárdenas es tan atractivo que difícilmente podía quedarse sólo como una historia más de esta enorme ciudad, sino que debía ser reflejada y abordada desde el escenario, ya fuera desde el set cinematográfico o las tablas teatrales.
Según algunos investigadores como Carlos Monsiváis y Rafael Aviña, la primera aparición fílmica del caso del cuádruple homicidio en Tacuba se da en un breve corto cinematográfico de tintes porno titulado El asesino, no se sabe exactamente la fecha del rodaje del mismo pero se deduce que puede ser entre finales de 1942 e inicios de 1943. La cinta reproduce la vivienda de Mar del Norte y el encuentro sexual entre un hombre con lentes de arillo redondos y tres prostitutas a quienes ahorca en diferentes circunstancias; la primera de ellas muere en la misma cama donde acaba de entregarse a su cliente quien saca debajo de su almohada el fatídico cordón con que le da muerte, en el segundo caso aparece una robusta mujer que es asfixiada mientras lee un libro, la siguiente secuencia muestra una mujer desnuda sentada en el excusado en el que es atacada por su asesino, cada uno de los cuerpos es envuelto en una sucia sábana y enterrado en el jardín del psicópata. La palabra «fin», fue elaborada con mecates en referencia al cordón homicida de Goyo Cárdenas.
En 1973 el director José Estrada retoma el caso del estrangulador en la película El profeta Mimí, con Ignacio López Tarso y Ana Martín como protagonistas. Estrada adapta libremente la vida de Cárdenas creando un personaje bastante similar que sería interpretado por López Tarso; las similitudes no se limitan al homicidio de cuatro mujeres, prostitutas todas ellas, ahorcadas con un cordón, sino que va más allá al dotar a Mimí de los mismos gustos y debilidades que tuvo Goyo en vida: ambos eran amantes de la ópera, expertos taquimecanógrafos, tenían fantasías misóginas, eran muy religiosos y estaban fuertemente influenciados por su madre.

Entre 1991 y 1992 se montó en el Teatro Helénico la obra El criminal de Tacuba cuyo título original era Mar del Norte del dramaturgo Víctor Hugo Rascón Banda, basada en los hechos ocurridos en 1942 y los interrogatorios entre el Dr. Cuarón y Goyo  Cárdenas. El director de esa puesta en escena fue Raúl Quintanilla quien invitó al ensayo general al ex inquilino del Barrio de Tacuba, Cárdenas acude acompañado de toda su familia, pensando en que la obra sería un homenaje. Al apreciar las escenas de los asesinatos de mujeres y las referencias hacia su madre y su propia sexualidad, el abogado decide demandar a los productores y escritores de la obra quienes se ven obligados a pagar la suma de 8 millones de viejos pesos.

Por otro lado, en el video home llamado Raptóla, matóla, violola de Benjamín Cann, que no es más que una serie de cortos de humor negro basados en casos de la Nota Roja nacional, se hace referencia lejana al caso del asesino de mujeres en un corto llamado El estrangulador de Nativitas donde el actor principal (Ari Telch) asesina y entierra en su jardín a algunas mujeres con el consentimiento de su posesiva madre.
La última aparición mediática de la figura del estrangulador de mujeres se da en el 2003, con la aparición del documental Goyo realizado en video y de manera independiente por Verónica de la Luz, Marco Jalpa, Ricardo Ham y Salvador Méndez. Aunque con evidentes limitaciones, el video cuanta con un importante apoyo visual al mostrar fotografías del  momento de ser hallados los cuerpos enterrados en Mar del Norte, además de contar con la última entrevista en video concedida por Cárdenas y un video inédito de la ceremonia de titulación de éste criminal. Goyo, el documental, resulta ser un interesante intento por revivir el caso del estrangulador de Tacuba, a más de 60 años de ocurridos los hechos, la cinta incluye entrevistas con reconocidos escritores como Vicente Leñero, Rafael Aviña y Víctor Hugo Rascón Banda, así como con algunas de las personas que conocieron a Goyo Cárdenas en vida.



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