lunes, 23 de junio de 2014

AINUR

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BESTIARIO DE TOLKIEN:  AINUR




Al principio estaba Eru, el Único, que en élfico se llamaba Ilúvatar, y que vivía en el Vacío. Como se relata en el «Ainulindalë», Ilúvatar engendró Pensamientos a los que infundió vida eterna mediante el poder de la Llama Imperecedera. Él mismo les puso por nombre ainur, los «sagrados». Éstos constituyeron la primera raza y habitaron los Palacios Intemporales que Ilúvatar había creado para ellos.

Los ainur eran espíritus poderosos y todos fueron dotados de una potente voz que les permitía cantar ante Ilúvatar para complacerlo. Cuando éste hubo oído cantar a cada uno de ellos, los llamó a su presencia y les propuso cantar juntos. Esto es lo que en los relatos se llama Música de los ainur, en la cual se elaboraban grandes temas mientras los espíritus individuales buscaban la supremacía o la armonía según su naturaleza. Algunos demostraron ser mejores que otros; unos eran fuertes en bondad, otros en maldad. Sin embargo, al final, aunque la batalla del sonido fue terrible, la Música resultó magnífica y hermosa. A partir de esta armonía y esta lucha, Ilúvatar creó una visión que adoptó forma de globo en el Vacío. Con una palabra y la Llama Imperecedera creó entonces Eá, «el mundo que es»; los elfos y los hombres lo llamaron después Arda, la Tierra. 



La Música se convirtió en el Destino de Arda y a él estaba vinculado el sino de todas las razas, excepto el de la tardía raza de los hombres, cuyo fin no conocía nadie más que Ilúvatar.
Así, después de la creación de Arda, algunos ainur bajaron a ese mundo recién creado, donde a partir de entonces se les conoció como Poderes de Arda. Posteriormente, los hombres los creyeron dioses. Aquéllos que eran buenos se guiaban por su conocimiento de la voluntad de Ilúvatar, mientras que los demás se esforzaban por alcanzar sus propios fines. Si bien en los Palacios Intemporales había seres hechos de espíritu puro, en Arda su poder estaba limitado por los confines del tiempo y del reducido espacio del mundo. Además, una vez allí adoptaron formas distintas, cada uno según su naturaleza y los elementos que eran de su agrado, y, si bien no estaban ligados a una forma visible, solían llevar tal aspecto como si fuera una prenda de vestir; en edades posteriores los elfos y los hombres los conocieron bajo esas formas.

En el «Valaquenta» se narra una parte de la larga historia de los ainur que habitaron Arda y configuraron el mundo. Se relata cómo se construyeron los reinos de Almaren, Utumno y Angband en la Tierra Media y cómo se creó el reino de Valinor en las Tierras Imperecederas de Aman. Se cuenta asimismo que los ainur produjeron la luz y el cómputo del tiempo y que luego estallaron entre ellos terribles guerras que estremecieron Arda. Aparecen también los nombres y formas de muchos de los individuos más poderosos de la raza.
En Arda, los elfos dividieron esta raza en los valar y los maiar. Los ainur que se cuentan entre los valar son: Manwë, Rey del Viento; Varda, Reina de las Estrellas; Ulmo, Señor de las Aguas; Nienna, la Plañidera; Aulë, el Herrero; Yavanna, Dadora de Frutos; Oromë, Dios del Bosque; Vána, la Siempre Joven; Mandos, el Guardián de los Muertos; Vairë, la Tejedora; Lórien, Maestro de los Sueños; Estë, la Curadora; Tulkas, el Luchador; Nessa, la Bailarina, y Melkor, luego llamado Morgoth, el Enemigo Oscuro.



Muchos de los ainur eran maiar, pero sólo unos pocos aparecen en las historias que han llegado hasta los hombres: Eönwë, el Heraldo de Manwë; Ilmarë, Doncella de Varda; Ossë, Señor de las Olas; Uinen, Señora de los Mares en calma; Melian, Reina de los sindar; Anar, el Sol; Isil, la Luna; Sauron, el Hechicero; Gothmog, Señor de los balrogs, y Olórin (Gandalf), Radagast y Curunír (Saruman), los Magos. En los relatos de la Tierra Media aparecen otros que quizá fueron también maiar: Thuringwethil, la Vampiro; Ungoliant, la Araña; Draugluin, el Licántropo; Baya de Oro, Hija del Río, e Iarwain Ben-adar (Tom Bombadil).
Como se ha dicho, sólo algunos ainur bajaron a Arda. La mayor parte ha vivido siempre en los Palacios Intemporales, pero se ha profetizado que cuando se produzca el fin del mundo los valar y los maiar se reunirán con los suyos, y entre los que regresen estarán también los eruhíni, hijos de Iúvatar, que nacieron en Arda. Y nuevamente sonará la Gran Música, con más fuerza que la primera vez, y será una Música perfecta, llena de sabiduría, tristeza e incomparable hermosura.

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