martes, 10 de junio de 2014

ASESINOS SERIALES: Las Poquianchis

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Muerte y negocio

Prácticamente por definición la Nota Roja camina de la mano con la miseria y la ignorancia, muchos de los casos más sonados han ocurrido entre los que menos tienen tomándolos como víctimas perfectas. Tal es el caso de las hermanas González Valenzuela, mejor conocidas como «Las Poquianchis», mujeres de tristísimos recuerdos para las habitantes del municipio de San Francisco del Rincón, Guanajuato. En el año de 1964, gracias a la oportuna intervención y mediatización del caso por parte de la revista Alarma, el país completo se horrorizó con la crónica de tres mujeres que explotaban sexualmente a varias jovencitas quienes eran reclutadas en los más pobres pueblos de Guanajuato. Mujeres obligadas a prostituirse, mal comer y a recibir sin protestar los peores castigos que pudiera imaginar la sociedad de entonces.


Un poco de historia

Delfina, María de Jesús y María Luisa González Valenzuela era el nombre de Las Poquianchis, quienes heredaron ese trágico apodo de un homosexual dedicado a regentear una cantina de mala muerte, misma cantina que después adquirirían las hermanas rebautizándola como «La Barca de Oro». Por fin las hermanas tendrían un lugar donde afianzar su imperio que contaba con una sucursal en San Juan de los Lagos y otra más en El Salto, aunque ésta última tuvo que cerrar por problemas con la policía local. La historia de Las Poquianchis y sus cómplices que iban desde un par de sicarios de medio pelo hasta los responsables de la policía estatal y otros empleados municipales empezaba a solidificarse y a crear las ganancias suficientes para sostener aquella red de corrupción y violencia.
Durante más de 20 años las hermanas González sostuvieron su profesión de tratantes de blancas, con engaños reclutaban jovencitas de 13 años en adelante en los poblados más pobres de Guanajuato y Jalisco, les prometían a ellas y a sus familias trabajo como sirvientas en alguna casa de ricos, pero la realidad no era tan benévola. Siempre vestidas de negro Las Poquianchis obligaban a las niñas a prostituirse y participar en encuentros sexuales y ritos satánicos donde incluso algunas eran forzadas a tener sexo con animales o eran violadas violentamente por los cómplices de estas mujeres o por sus clientes más adinerados.



Las jovencitas no recibían paga alguna y apenas alcanzaban a comer frijoles y tortillas de vez en cuando, lucían desnutridas y cansadas y aún así debían cumplir su cuota de encuentros sexuales diarios. En caso de que alguna de las secuestradas se rehusara a servir a estas hermanas recibían tremendas golpizas, algunas incluso morían al momento de recibir los castigos. Eso no era lo peor, si por desgracia alguna enfermaba no tendría ningún tipo de atención médica, tampoco recibiría un poco más de comida ya que no estaba en condiciones de pagarla con su trabajo. El negocio no terminaba ahí, ya que Las Poquianchis también versiones periodísticas de la época, principalmente los tirajes especiales del semanario Alarma que llegó a publicar más de 500 mil copias semanales, Las Poquianchis llegaron a practicar abortos en condiciones penosas, algunas de sus «empleadas» morían durante la operación y eran enterradas clandestinamente en los mismos dormitorios en los que se daban los encuentros sexuales con los clientes.


La detención

Debido a la preocupación de varias de las madres que no veían regresar a sus hijas secuestradas por las hermanas González, las quejas en contra de Las Poquianchis eran cada vez más enérgicas y difíciles de postergar, pese a que las mismas autoridades eran asiduos clientes de La Barca de Oro no tuvieron más remedio que aprender a las hermanas de negro y sacar a la luz pública todo el escándalo de estas singulares empresarias.
El 14 de enero las autoridades se presentan en la propiedad de Las Poquianchis para destapar la cloaca, al momento de la intervención policíaca encabezada por el Comandante Miguel Ángel Mota, las hermanas González fueron encontradas en compañía de 15 mujeres, dos hombres y dos niños de 5 y 7 años. La noticia sobre los actos cometidos por Las Poquianchis corrió como reguero de pólvora, días después al ser conducidas por las autoridades hacia el lugar de los hechos, ya las esperaba una multitud de más de 2 mil personas que pedían a gritos su linchamiento. En la propiedad
fueron encontradas enterradas cerca de 80 mujeres, 11 hombres y varios fetos, pese a los 91 cadáveres sólo fueron inculpadas de 17 asesinatos comprobados y otros 10 probables condenándolas a 40 años de prisión y a pagar a los familiares de las mujeres cerca de 700 mil dólares; fueron formalmente acusadas de homicidio calificado, secuestro, violación, corrupción de menores, asociación delictuosa, amenazas e inhumación clandestina.

Delfina González Valenzuela murió el 17 de agosto de 1970, su hermana María Luisa lo hizo el 23 de octubre de 1974, a María de Jesús tras cumplir sus 40 años en prisión le fue condicionada su libertad hasta que liquidara la multa, cantidad que jamás pudo solventar.

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